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mayo 7, 2026A horas del cruce en el Kempes, jugadores de ambos equipos anticiparon un partido cargado de emoción, presión y una sola certeza: esta vez habrá un ganador.
La provincia ya lo vive. La previa del clásico entre Talleres y Belgrano empezó a jugarse fuera de la cancha, con declaraciones que reflejan la tensión y la expectativa de cara al duelo del sábado a las 16:30 en el estadio Mario Alberto Kempes, por los octavos de final del Torneo Apertura.
Los protagonistas elegidos para ponerle voz a la previa fueron Lisandro López por el Pirata y Augusto Schott por la T. Y no esquivaron el desafío: ambos se imaginaron ganadores.
“La verdad me imagino victorioso, obviamente”, lanzó López, en una respuesta que rompió por un momento el discurso medido. Aunque enseguida aclaró: “Es fútbol, a veces las cosas salen, a veces no. Creo que el hincha de Belgrano nos da mucho y este fin de semana merece recibir”.
Del otro lado, Schott también se proyectó celebrando: “Me imagino festejando con nuestra gente… hicimos méritos para estar en ese lugar”, sostuvo, remarcando además la importancia de la localía en el Kempes: “Jugar de local es un beneficio”.
El clásico no solo se juega en lo deportivo. También hay cuentas pendientes. López fue autocrítico con el presente reciente de Belgrano: “Estamos un poco en deuda con la gente… en los últimos partidos no se viene mostrando mucho”, reconoció.
A la vez, dejó una definición que resume el clima en la provincia: “Se nota la ansiedad que se vive en Córdoba. Lo emocional hay que dejarlo de lado porque te puede jugar en contra”.
Schott, por su parte, apeló a lo emocional desde otro lugar: “Es un partido hermoso para jugar… es un sueño”, dijo, recordando sus inicios y el deseo de disputar un clásico de esta magnitud.
El partido tendrá un condimento especial: no habrá hinchada visitante, pero sí un estadio colmado de público albiazul. Mientras tanto, los hinchas de Belgrano ya se preparan para acompañar con un banderazo y desde cada rincón.
La conferencia cerró con un gesto simbólico: un abrazo entre ambos futbolistas. Pero la calma termina ahí. Porque el sábado, cuando el reloj marque las 19, uno de los dos estará festejando.
Y Córdoba, paralizada, habrá vivido otra página de su clásico más apasionante.




